domingo, 31 de julio de 2011

LA CARTA DE LA ABUELA



Querido nieto:
El otro día tuve una experiencia religiosa muy buena, que quería compartir contigo. Fui a la librería cristiana y allí encontré una calcomanía para el auto que decía "TOCA LA BOCINA SI AMAS A DIOS". Dado que había tenido un día muy malo, decidí comprarla y pegarla en el paragolpes de mi auto.
Al salir manejando, llegué a un cruce de dos avenidas que estaba muy complicado, con muchos autos. La temperatura exterior era de 37 grados y era la hora de salida de las oficinas. Allí me quedé parada, porque la luz estaba roja, pensando en el Señor y como El es bueno.
No me di cuenta que la luz se había puesto verde, pero descubrí que muchos otros aman al Señor porque inmediatamente comenzaron a sonar las bocinas.
La persona que estaba detrás de mí auto era sin duda muy religiosa,ya que tocaba la bocina sin parar y me gritaba: DALE, POR EL AMOR DE DIOS. Dirigidos por él, todos hacían sonar la bocina. Yo les sonreí y los saludaba con la mano a través de la ventanilla.
Vi que otro muchacho me saludaba de una manera muy particular levantando solo el dedo medio de la mano. Le pregunté a otro de mis nietos, que estaba conmigo, que quería decir ese saludo. Me contestó que era un saludo Hawaiano de buena suerte. Entonces yo saqué mi mano por la ventana y saludé a todos de la misma manera.
Mi nieto se doblaba de la risa, supongo que por la bella experiencia religiosa que estaba viviendo.
Dos hombres de un auto cercano, se bajaron y comenzaron a caminar hacia mi auto, creo que para rezar conmigo o para preguntarme a que templo voy. Pero en ese momento fue que vi que la luz estaba verde. Entonces saludé a todos mis hermanos y hermanas y pasé la luz.
Luego de cruzar, noté que el único auto que había podido pasar era el mío,ya que la luz volvió a ponerse en rojo, y me sentí triste de dejarlos allí después de todo el amor que habíamos compartido. Por lo tanto, paré el auto, me bajé, los saludé a todos con el saludo hawaiano por última vez y me fui.
Ruego a Dios por todos esos buenos hombres y mujeres.
Besos.
Tu abuela.

LOS SOBREVIVIENTES


Un avión se estrella en el Pacífico Sur. Sólo sobreviven tres personas: el piloto, un auxiliar de vuelo y una azafata que se agarran a los restos del avión. Al cabo de una semana a la deriva llegan a una isla desierta, lejos de cualquier ruta aérea y marítima. Saben que no los buscarán más. Entonces se organizan la vida, construyen una bonita cabaña, la naturaleza es generosa y les provee de carne, frutas y agua fresca. Ellos son jóvenes y fuertes...
Al cabo de dos meses de convivencia en la isla, la azafata se decide a hablar de un tema con los otros dos...
- Vamos a ver amigos... Estamos solos... Y puede ser para siempre. Nos hemos respetado desde el momento en que llegamos aquí... Tenemos nuestra intimidad... Todo está fenomenal... Pero... Creo que todos tenemos ciertas carencias... Yo sé que ustedes, por delicadeza, no quieren hablar conmigo de eso, por lo tanto lo hago yo: a ver si están de acuerdo en ésto... Tú me lo haces los días pares y tú los impares... Y si surge cualquier problema lo hablamos y lo solucionamos.
Todos quedaron de acuerdo y encantados por haber estado tan organizados y poder hablar del asunto... Pasan unas semanas fabulosas... Cada uno su turno: uno los días pares y el otro los impares, con un respeto y un entendimiento ejemplar. Por desgracia, al cabo de unos meses a la chica la ataca un virus y se muere. Los dos hombres se quedan terriblemente tristes... Es una desgracia pero la vida continúa y vuelven a la rutina de antes... Un mes más tarde uno de ellos se dirige al otro y le dice:
- Escúchame, el tiempo pasa yo sé que esto es tan duro para ti como para mí, por eso tenemos que hablar... Me falta alguna cosa... Yo soy joven y no puedo seguir así... Tú que piensas?
El otro le dio las gracias por sacar el tema y le dice que él también está pasando por la misma situación...
- ¿Entonces tú también piensas como yo?
- Y sí... Y si no funciona lo discutimos.
- De acuerdo...
- Entonces, ¿cómo nos lo organizamos?
- Tú los días pares y yo los impares.
- Está bien... No hay problema.
Y los hombres pasan otro montón de semanas geniales... Pero una noche uno le dice al otro:
- Escúchame, dijimos que lo discutiríamos si algo no iba bien... Bueno, yo pienso que esto no debe continuar... Estamos solos y necesitados, pero lo que estamos haciendo no me convence. Va en contra de la naturaleza.
- Me tranquilizas -le dice el otro- yo también estaba pensando como tú... me gustaría que parásemos... De todas formas ya no son las mismas sensaciones que antes...
- ¿Estás de acuerdo entonces?
- Sí, ¿y tú?
- Yo también.
- Bueno, entonces,... ¿la sepultamos, no?
- Sí, la sepultamos...

UN HIJO EN LA UNIVERSIDAD


-Un chico del interior se va a la universidad en Buenos Aires, pero más o menos a la mitad del semestre (vago crónico) se le acaba el dinero que le dieron sus padres. Se le ocurre entonces una idea brillante y llama a su padre.
- Papá, no vas a creer las maravillas modernas de la educación en este sitio. Resulta que aquí en mi Universidad tienen un programa para enseñar a hablar a los perros.
El padre entusiasmado le contesta:
- ¿Y cómo puedo hacer para que acepten a Boby, el perro de la casa?
- Solo envíamelo con $3,000 y yo me encargo de matricularlo.
Así es que el confiado padre envía al perro con los $3,000.
Más o menos a los 2/3 del semestre, el muchacho se gasta la plata de nuevo y decide volver a llamar a su padre.
El padre interroga:
- Bueno, y ¿cómo le va a Boby? - le pregunta.
- Increíble, papi. Ya habla hasta por los codos, pero ahora resulta que hay otro curso más avanzado, para enseñar a los perros a leer.
- ¡No jodas! ¿Y cómo hago para que entre a ese curso?
- Solo envíame $2,500 y lo matriculo en ese nuevo curso.
Así es que el ingenuo padre le envía el dinero.
Al final del curso, el chico se da cuenta que el perro no sabe ni hablar, ni leer, ni una mierda, así es que le mete un tiro al perro. Cuando llega a su casa al final del semestre, el padre está feliz, esperándolo...
- ¿Dónde está Boby? Estoy deseoso de escucharlo hablar y leer. Ya tengo separada una revista de animales para que me la lea.
- Papá, no me lo vas a creer. Ya lo tenía todo preparado para el viaje, cuando lo veo a Boby acostado en el sofá, leyendo los principales diarios nacionales, como todas las mañanas. De pronto me dice, "Bueno, ¿y tu viejo se la sigue cogiendo a la pelirroja ésa que vive enfrente de la casa?"
Y el padre le contesta:
- Espero que le hayas metido un tiro a ese perro hijo de puta, antes de que hable con tu mamá.
- Claro, papi ¡Eso fue exactamente lo que hice!
- Así se hace, hijo.
La historia termina, que el chico se graduó y se convirtió en un político exitoso...

LA CARTA DEL SUICIDA



Junto al cadáver de un suicida se encontró una carta explicatoria diciendo:
Sr. Juez: No culpe a nadie de mi muerte, me quito la vida porque dos días más que viviese no sabría quién soy en este mar de lágrimas, y sería mucho martirio. Verá Ud... Sr. juez.
Tuve la desgracia de casarme con una viuda, ésta tenía una hija, de haberlo sabido, nunca lo hubiera hecho.
Mi padre, para mayor desgracia era viudo, se enamoró y se casó con la hija de mi mujer, de manera que mi mujer era suegra de su suegro, mi hijastra se convirtió en mi madre y mi padre al mismo tiempo era mi yerno.
Al poco tiempo mi madrastra trajo al mundo un varón, que era mi hermano, pero era nieto de mi mujer de manera que yo era abuelo de mi hermano.
Con el correr del tiempo mi mujer trajo al mundo un varón que, como era hermano de mi madre, era cuñado de mi padre, y tío de sus hijos.
Mi mujer era suegra de su hija, yo soy, en cambio padre de mi madre, y mi padre y su mujer son mis hijos; además, yo soy mi propio abuelo.
Sr. juez: Me despido del mundo porque no sé quien soy.
El cadáver.

EL LOBO FEROZ ES INOCENTE



En la última reunión del Comité por la Verdad y en Defensa del Lobo Feroz (C.V.D.L.F.), el profesor Waltz Freedman terminó su alocución con estas estremecedoras palabras:
-"¿Fue el Lobo Feroz el culpable o lo fue Caperucita?"
Efectivamente la histórica narración de Perrault se presta a muy diversas interpretaciones. No obstante, hay puntos de acuerdo que son indiscutibles que pasamos a enumerar:
Caperucita sabía perfectamente que, al hacer determinado trayecto, podía encontrarse con el Lobo Feroz.
Caperucita no era ajena en modo alguno al hambre del Lobo.
Si Caperucita hubiera ofrecido al Lobo la cesta con la merienda de su abuelita, muy probablemente no habría ocurrido lo que ocurrió.
El Lobo no ataca inmediatamente a Caperucita sino que al contrario, conversa con ella.
Es Caperucita quien tendenciosamente da pistas al Lobo y le señala el camino de la casa de la abuelita, probablemente con la secreta esperanza de eliminar a la vieja.
La abuelita es idiota al confundir a su nieta con el Lobo.
Cuando Caperucita llega y el Lobo está en la cama con la ropa de la abuelita, Caperucita no se alarma, muy por el contrario, actúa con absoluta naturalidad.
El hecho de que Caperucita confunda al Lobo con la abuelita, demuestra que la niña iba poquísimo a ver a su abuelita o que era una rematada idiota.
Se confirma el punto anterior donde se menciona el interés en eliminar a la anciana.
El Lobo con esas preguntas tan tontas y directas quiere alertar a Caperucita. En realidad, no tiene intenciones reales de cometer el acto y por lo tanto, se trata del más fuerte alegato a favor de su inocencia.
Caperucita mientras tanto, enrolla al lobo en un juego perverso con el único fin suicida de ser devorada.
Cuando el Lobo, que ya no sabe que hacer, se come a Caperucita, es porque ya no le quedaba otra solución, imponiéndose finalmente los instintos animales naturales que reprimió con entereza durante toda la extensión del relato.
Es posible que antes de ello en el bosque o en la cama, Caperucita tuviera relaciones con el Lobo. Esto se probaría con el hecho de que el lobo no desea en el fondo fagocitarse a la niña, demostrando afecto por la pequeña.
Por lo tanto se concluye que es Caperucita y no el Lobo Feroz, la que provoca los instintos naturales de la pobre fiera. Primero los sexuales y posteriormente los depredadores.
También es de destacar que la madre de Caperucita tuvo mucha culpa al no acompañar a su hija, quizás deseando deshacerse de ambas. Aquí entraría a jugar otra teoría, donde la madre arregló previamente con el Lobo Feroz el plan de acción a llevar a cabo, plan que por una serie de casualidades (dado que ha quedado demostrado que el Lobo no tenía, a posteriori, intenciones de cometer los asesinatos) finalmente se lleva a cabo.
Estos puntos son, en principio, claros y concisos. Los que se empeñan en desprestigiar al Lobo Feroz no se han parado a pensar en la posible manipulación que se ha hecho de su figura, su actividad y su reacción ante una instigadora profesional como parece ser que fue la tal Caperucita.
Ante la cantidad de pruebas expuestas solicitamos que se reivindique la figura del Lobo Feroz, se la limpie de las atroces manchas a su honor de que es objeto y se erija una estatua en su memoria y recuerdo para que las generaciones futuras tengan bien en claro la verdad verdadera de la historia. Como primer paso solicitaremos ante las más altas autoridades que reabran el caso, recojan nuevas pruebas e investiguen nuevamente todos los acontecimientos ya que la cantidad de dudas razonables hacen sospechar que estamos ante un juicio histórico claramente manipulado.
Actualmente se está formando la comisión de apoyo a la bruja de Blancanieves, El gato Tom, Silvestre, el Dr. No. y Bill Gates. Detengamos la manipulación abusiva de la historia por parte de los magnates de la comunicación. Que nuestros niños crezcan en un mundo más creíble.

RELATO DESCONOCIDO SOBRE CAPERUCITA ROJA Y EL LOBO



Erase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representa un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era. Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana. De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.
- Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es -respondió.
- No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques.
Respondió Caperucita: - Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial -en tu caso propia y globalmente válida- que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.
Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro.
A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho.
Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo: - Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.
- Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.
- Oh! -repuso Caperucita-. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo.
- Pero, abuela, qué ojos tan grandes tienes!
- Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.
- Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes!... relativamente hablando, claro está, y a su modo indudablemente atractiva.
- Ha olido mucho y ha perdonado mucho, querida.
- Y... abuela, qué dientes tan grandes tienes!
Respondió el lobo: - Soy feliz de ser quien soy y lo que soy -y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla.
Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal.
Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnicos en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente.
- ¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita.
El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.
- ¿Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo!? -prosiguió Caperucita-. Sexista! Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre?
Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y el mismo huyó despavorido.
Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre

humor:

Un hombre se dirige a cobrar al banco y la cajera que lo atiende:
-Muy bien.......¿Como quiere el dinero ?

El hombre responde
-¡Con desesperación !.







El buen esposo

Un grupo de hombres estaba en el sauna de un club, cuando de repente, un
celular que estaba sobre uno de los bancos de madera empieza a sonar
Uno de los hombres atiende:
- ¿Alo?
- ¿Querido?
- ¿Querida?
- ¿Estás en el sauna?
- Si
- Estoy en frente, en el Shoping con un visón magnífico... hermoso!!!
¿Puedo comprarlo?
- ¿Y cuanto cuesta?
- 1.500 dólares nada más...
- Bueno, está bien, compralo si tanto te gusta...
- Ahhh y acabo de pasar por un concesionario Mercedes y vi el último
modelo.
Es fantástico. Hablé con el vendedor y me dijo que nos hace precio de
amigo... y como tenemos que cambiar el BMW que compramos el año pasado...
- ¿Y cuánto es el precio de amigo?
- Mi amor son sólo 60.000 dólares...
- Bueno, como tenemos dinero para gastar... OK pero por ese precio lo
quiero con todos los opcionales.
- Y escúchame... antes de cortar... otra cosita...
- ¿Que?
- Hoy a la mañana pasé en frente de la Inmobiliaria y ví que la casa que
vimos el año pasado... está en venta. ¿Te acordás? Aquella con piscina,
jardín y quincho, completamente aislada en frente de aquella playa
magnífica?
- ¿Y cuánto están pidiendo?
- Solamente 450.000 dólares... increíble no?
-Bueno, como no tenemos todavía muchas casas, podes comprarla. Pero paga
máximo, 420.000 dólares, OK?
- OK mi amor... Gracias... bye!!!Te quiero!!!!
- Chau... yo también...
Después de cortar el hombre se dirige al grupo de amigos y grita:
- ¿De quien es este celular?

cuento de terror




El Tesoro escondido

Cuenta una antigua leyenda paraguaya, que si en tu casa escuchás ruidos extraños, oís ruidos de cadenas o ves un espectro deambulando es porque cerca, muy cerca, hay un tesoro escondido. Esto le ocurrió a Dionisio. El y su familia se establecieron en una localidad llamada Campo Nuevo. Comenzaron a construir su casa y pronto empezaron a escuchar ruidos extraños, aullidos y voces misteriosas. En una ocasión una sombra empujó a Dionisio de su bicicleta unos metros, y en otra, un espectro, sacudió fuertemente un naranjo hasta hacer caer casi todos los frutos. Una noche escucharon un fuerte golpe en la puerta de entrada, Dionisio se levantó de la cama para ver que ocurría. Una sombra envuelta en niebla se paseaba por el frente de la casa. El miedo se apoderó de la familia y pensaron seriamente en abandonar la finca ya que no podían pegar un ojo en toda la noche. Se encerraban cuando llegaba la noche y no se animaban a salir hasta que saliera el sol.

Dionisio, que había escuchado la leyenda pero nunca había creído en ella, comenzó a pensar que seguramente había un tesoro escondido en su propiedad. Ellos eran humildes y un hallazgo de esa naturaleza podría dar lugar a una oportunidad de progreso para toda la familia. La casa había quedado sin terminar por falta de recursos La cosecha de algodón no había sido buena y apenas les alcanzaba el dinero para pagar la comida. Su mujer, Azucena lloraba y sus hijos querían mudarse. No soportaban la idea de convivir con esas presencias misteriosas. Azucena, tenía un gallinero con varias gallinas, tres perros y dos gatos. Una noche en que los aullidos envolvieron la casa, escucharon cacarear a las gallinas, ladrar a los perros y maullar a los gatos con un vigor fuera de lo común.

Azucena, que estaba sola con sus hijos temiendo que algún espectro pudiera entrar a la casa, amontonó varios muebles contra la puerta. Al día siguiente tres gallinas, uno de los perros y los dos gatos habían desaparecido.

Los animales que se esfumaron eran todos blancos. Al fantasma por lo visto, no le gustaban los animales de color blanco. Dionisio que era muy valiente, al día siguiente compró una pala y comenzó a cavar. La finca era grande y avanzaba lentamente.

Entonces pidió ayuda a dos de sus primos y entre todos dieron vuelta el terreno con picos y palas. Los aullidos y las voces se agudizaban por las noches, su mujer quería marcharse con sus hijos, pero el entusiasmo y la valentía de Dionisio por descubrir las riquezas los calmaba por lo menos durante el día. Dionisio sabía también, por las historias que había escuchado hasta entonces que solo una persona debería encontrar el tesoro. La leyenda decía que si más de una persona veía el tesoro, este desaparecería ante sus ojos. Cansados de cavar estaban a punto de abandonar la búsqueda, cuando se les ocurrió mirar hacia unos arbustos. Una luz resplandeciente, mezcla de bruma y sol los envolvía. Los arrancaron rapidamente. Aunque estaban cansados continuaron paleando con entusiasmo. Allí encontraron un envoltorio hecho con sábanas de hilo ajadas y sucias. En su interior había una antigua ollita de hierro con tapa. Y dentro de la ollita un puñado de relucientes monedas españolas de oro.

Dionisio y sus dos primos contemplaron embelezados el hallazgo. No podían creer lo que estaban viendo. Al instante, la ollita y todo su contenido se transformó en carbón esfumándose de su vista. Dionisio haciendo caso a la antigua leyenda, les dijo a sus primos que se marcharan para continuar cavando solo. Esa noche no pudieron dormir. Los fantasmas golpearon las puertas y ventanas, sacudiéndolas con una potencia increíble. Era una fuerza sobrenatural que hacía temblar toda la casa. Al día siguiente, Dionisio tomó la pala y cavó más profundamente en el mismo lugar con la esperanza de encontrar algo más. En el mismo lugar apareció otro envoltorio. Era un baúl de madera envuelto con varias capas de tela. Seguramente sábanas, pero estaban deterioradas por la humedad y el paso del tiempo. El baúl estaba cerrado con un candado de hierro muy oxidado. Dionisio no tardó en quebrarlo con una tenaza. Al abrirlo se desplegó el fruto de tanto esfuerzo. El baúl contenía muchas alhajas. Había collares, diademas, aros y pulseras. Todos de oro antiguo. Muchos engarzados con piedras preciosas de maravillosos colores. Un tesoro de valor incalculable. En esta oportunidad estaba solo. Espero un tiempo para asegurarse que no desaparecería. El tesoro continuó ante su vista sin desaparecer tal cual narra la leyenda. Comunicó la noticia a su familia y a sus primos que alborozados festejaron el hallazgo. Las sombras y los aullidos se retiraron de la casa. Volvieron a aparecer las gallinas, el perro y los dos gatos. Los fantasmas ya no tenían que custodiar su tesoro. No sabemos adonde fueron a parar, seguramente se retiraron a descansar, después de tantos años de vagar en las sombras custodiando su fortuna. Hay infinidad de leyendas cuyo origen está centrado en la guerra del Paraguay. En ese entonces, ante el avance del ejército enemigo, familias enteras debían desplazarse dejando atrás sus propiedades y sus pertenencias. Como no podían llevar todo a cuestas, muchas familias optaban por enterrar sus tesoros en el campo para volver a recuperarlos cuando la guerra hubiera terminado. Estos consistían mayormente en monedas de oro y alhajas con piedras preciosas de altísimo valor. Llevarlos consigo también era un gran riesgo ya que estaban a la merced de rateros y ladrones. Muchos volvieron y desenterraron sus pertenencias, pero muchos otros murieron en la guerra y sus tesoros quedaron ocultos en el campo. Nuevas familias se establecieron y nadie sabía donde estaban ocultos esos tesoros. Pero dicen, que si por la noche se escuchan alaridos, ruidos de cadenas o ves sombras escondidas, es que el alma de los antiguos moradores están custodiando sus tesoros y si buscas bien seguramente encontrarás un tesoro escondido. Fin

reflexion

Los pavos no vuelan


Un campesino encontró en el campo un huevo de un tamaño tan grande, que nunca había visto antes algo parecido, así que decidió llevárselo a su casa.

-¿Será de avestruz? Preguntó a su familia.
-No, no es demasiado grande, Dijo el abuelo.
-¿Y si lo rompemos?, Propuso el hijo.
-Romperlo sería una lástima, porque entonces nunca sabremos a que ave pertenece, dijo el padre.
-Así que finalmente decidieron colocarlo debajo de una pava que en ese momento estaba empollando.

Cuenta la historia que a los quince días nació entre los pavitos, el enigmático pichón, al principio nadie pudo reconocer a que variedad de ave pertenecía, lo único que era evidente es que era el más grande entre todos sus compañeros, su plumaje era mucho más oscuro y devoraba la comida que le ponían con mucha avidez.

Una vez crecido, cuando llegó el tiempo de levantar el vuelo, miro a su madre y le dijo entusiasmado:
-Bueno, ha llegado la hora de volar, ¿me acompañas?
La pava sorprendida por la proposición, le explicó: -Mira, los pavos no vuelan. Tienes que tener cuidado y no comer tan apresurado, porque te sienta mal y después dices tonterías.
El misterioso pichón, se quedó en silencio un poco confundido.

Pero el pichón cada vez que terminaba de comer, les decía a sus hermanos:
-¡Vamos, vamos a volar! Hasta que uno de los pavitos le explico:
-Los pavos no volamos, solo podemos caminar, ese es nuestro destino, así lo decidió Dios cuando nos creo.
Haciendo caso a sus hermanos, nuestro misterioso amigo se dedicó todo el tiempo hacer todo lo que los demás hacían, caminar por un corral cercado, comer y dormir.

Pero un día el veterinario del pueblo pasó por la granja y el granjero, aprovechó la situación para pedirle que identificara a la misteriosa ave. En cuanto la vio pudo reconocer de inmediato que se trataba de un cóndor.
El cóndor ha nacido para volar por encima de los mil metros de altura, pero este en particular no lo hizo porque escuchó más la opinión de su entorno, que lo que él mismo sentía en su interior.

“Tu también tienes grandes aptitudes, valores y una gran creatividad; no te quedes alrededor de los pavos, ellos solo saben caminar, comer y dormir. Anímate a volar, Dios te dio alas para que seas una gran instrumento para cumplir en este mundo todos los objetivos que te plantees”